DISCRIMINACIÓN EN CHILE A
LOS DERECHOS DE LOS INMIGRANTES.
Ortega
y Gasset decía “yo soy yo y mis circunstancias”; es decir el yo se construye
día a día y existe una heterogénea masa de datos y múltiples factores que influye
en el desarrollo o involución de la
personalidad, muchos de los cuales se expresan en condicionamientos
externos que afectan directamente a la persona en sus más esenciales derechos.
El
impacto que provoca en ella es mayor cuando
el extranjero ve afectada su dignidad y derechos fundamentales en un país desconocido: burocrático en
requisitos de residencia y poco amigable en garantías hacia los derechos
mínimos. Desgraciadamente Chile no es la excepción, por el contrario aún
existen tendencias xenofóbicas y de discriminación.
En
esta “Aldea Global”, los inmigrantes,
motivados por establecerse en un país “hermano” o lejano y cristalizar
al máximo el desarrollo de los proyectos
personales, sufren violaciones a sus derechos humanos como la discriminación,
la humillación y el mal trato, tratándose
en particular, de inmigrantes de origen peruano, boliviano, ecuatoriano
y argentino (estos últimos más por su manera de hablar y por sus destrezas
deportivas).
Esta
discriminación se expresa en los diferentes
ámbitos del quehacer diario. En los tribunales, donde no se recurre
a dicho poder del estado por el abusivo,
desconfiado y prepotente trato de los funcionarios judiciales hacia ellos; los
colegios, el campo laboral, el trato de carabineros ( persecuciones a
vendedores ambulantes, controles más permanentes a locatarios), en las chanzas
que se cuentan en los medios de comunicación social, especialmente en la televisión; todos son espacios que,
lejos de constituir una cultura de bienvenida, manifiestan la xenofobia de una parte importante de los
chilenos.
La televisión en sus noticiarios cuando habla
de inmigrantes, las imágenes que sobresalen son las de narcotraficantes,
“ilegales”, “gente de mal vivir”. Así,
tratándose de inmigrantes peruanos, se
ha revelado que la xenofobia hacia ellos es mayoritaria en Santiago, con más de
la mitad de la población “no los quiere”.
Por
otra parte, la mayoría de los peruanos que llega a Chile son mujeres que se
desempeñan como nanas , asesoras de hogar o empleadas domésticas, quienes
sufren humillantes condiciones laborales, sin ningún tipo de previsión y son
objeto del libre arbitrio de la patrona .
Sin
perjuicio de lo anterior, si bien han existido algunos intentos del gobierno
por mejorar en algo la situación de los inmigrantes, como sucedió con la visa
que la Presidenta Bachelet concedió- hace menos de dos años- a los extranjeros que se encontraban de
manera ilegal en Chile, todavía
existen tareas pendientes.
“Fomentar
la regularización de los trabajadores migrantes que se encuentran
indocumentados, así como también promover la regularidad de los trabajadores
migrantes que manifiesten intenciones de residir en Chile”1, es una tarea
esencial en la promoción de los derechos esenciales de acuerdo a la normativa de extranjería chilena
Una
medida corroborativa de lo anterior fue
en octubre de 2007 cuando el
Gobierno de Bachelet lanzó una norma que permitió que los extranjeros que se
encontraban en situación irregular accediera a una visa. A esta medida se acogieron unos 34 mil
peruanos. Sin embargo, falta mucho por hacer y las condiciones sociales y
laborales de los inmigrantes no es de las mejores en el concierto
latinoamericano.
Un
caso emblemático de discriminación ocurrió hace pocos años en un colegio de
Antofagasta de una menor ecuatoriana de 15 años, quien se sintió
discriminada por su acento y color de
piel, a tal punto que intentó regresar a su país- sin el consentimiento de su
madre- desde el paso de Arica.
Por otra parte, la evidencia empírica corrobora
el dicho popular: “Bien vestido; bien recibido”, así lo pudo constatar hace un
tiempo atrás el empresario Roberto, quien disfrazado de
pordiosero- en un programa de televisión-
no pudo ingresar a una de sus empresas para entregar su currículum.
Otra
situación de discriminación sucedió hace muy poco con médicos ecuatorianos, a quienes el Alcalde de
Casablanca, Manuel Jesús Vera, calificó de “pésima calidad”, lo que generó un
inmediato rechazo del gremio aludido. De seguro que si estos médicos hubieran
sido de Europa o Estados Unidos jamás el
Edil Vera hubiese emitido tales declaraciones.
En
nuestro país, aunque parezca una paradoja en cuanto a la experiencia de haber
sido discriminado, un estudio de la Universidad Diego Portales reveló que uno
de cada tres chilenos dice que alguna vez se ha sentido discriminado por algún
motivo como el nivel socioeconómico, el color de piel y el lugar donde vive.
En
Chile la concertación, con dos gobiernos socialistas seguidos, no ha gestionado
un efectiva política en contra de la xenofobia, promoviendo la igualdad en los
derechos esenciales de la persona humana. Así, pues, son muchos los casos de
discriminación que se viven en esta “estrecha faja”, donde se inserta a los
extranjeros en sus espaldas la pesada mochila de la discriminación y del prejuicio social.
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